«Vale más canción humilde que sinfonía sin fe». J.C.
«Si no vives para servir, no sirves para vivir», este es el lema de: www.mesterdeobreria.blogspot.com

Por Internet recibí un mensaje -sofístico, es decir, que mentía a sabiendas- con una reflexión acerca de la verdad, que llegaba a la siguiente conclusión: “no se debe decir la verdad pues ésta suele causar daño”, y ponía el ejemplo de un matrimonio que se destruyó después de veinte años, cuando él le dijo a ella que, en realidad, cuando la conoció iba a su casa por su hermana, y ella le respondió que de primera intención él le cayó mal, al extremo que desanimó a su hermana de que lo aceptara. Ambas decepciones (verdaderas) derrumbaron todo. Y, entre otros ejemplos, se agregaba el siguiente: cuando el médico le dice al paciente la verdad de su cáncer, lo que hace es apresurar su muerte, por la debacle emocional que causa. Y, es verdad, esas verdades apabullantes, no deberían decirse. Pero esta alternativa potencial no debe conducir a clausurar toda verdad. En este caso se está confundiendo “prevención” con “privación”: privar, eliminar el valor de La Verdad, por prevenir las consecuencias funestas de “una verdad”.

Igualmente, en una revista -cuyo origen me repugna recordar- leí un artículo que devalúa a la democracia, porque se dice que en ella se ha hecho costumbre ver que quienes no están en el poder califican de corruptos a quienes sí lo están, aunque aquellos después -cuando llegan al poder- cometan los mismos actos que criticaban. Pero ese “ping-pong” de corrupciones no tiene nada que ver con el valor de la Democracia. Porque en la verdadera democracia (no la que pone presidentes con el poder del dinero, aunque sean corruptos redomados) la sucesión de poderes también puede significar recesión de corruptelas.

Lo terrible radica en el hecho de que un corrupto caído en desgracia no reconoce haberlo sido, aunque quienes lo acusaron en su momento se lo dijeron directamente y le enrostraron las pruebas; mas como los tiempos pasan y, por lo común, los delitos no se sancionan, entonces sus dolos se quedan en la nebulosa del recuerdo. Pero lo cierto es que si el corrupto vacado no demuestra (es decir, no presenta pruebas) de que el sucesor esté incurriendo en sus mismas faltas, entonces lo que está haciendo es practicar la vieja argucia nazi de mentir y mentir que algo queda (creando las condiciones para su reelección). De ahí que sea pertinente recordar esta frase: “Un rico con miedo es el fascista de más cuidado”. Pero también debe recordarse esta otra (de Cristo): “De los pobres sin miedo es el reino de los cielos”.
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