La estudiosa de la literatura Gloria Macedo Janto, autora de la crítica del libro Canto de sirena de Gregorio Martínez, en una entrevista que le hace Pedro Escribano, frente a la siguiente pregunta: «¿En tu estudio sostienes que Canto… es un logro a pesar del grupo Narración?», ella responde: «Una de las cosas que yo sostengo es que Canto… no tiene nada que ver con Narración.» Y agrega: «Parece que antes nadie se dio cuenta de eso»; pero la autora aquí criticada ‘no se da cuenta’ que si nadie hizo hincapié en eso es porque resulta ocioso decir que «no hay lo que no hay». El pretender establecer si hubo o no una relación entre las obras de los autores que pertenecieron al grupo Narración y las ideas que daban sustento a éste, no es lo más pertinente. El grupo Narración no pregonaba formas de escribir ni les imponía a sus miembros una determinada concepción rígida de la literatura. Lo que había era una identificación de esa membrecía con las causas populares. Y una de las preocupaciones artísticas de los miembros del grupo fue ir al rescate de personajes populares, que es lo que hace Gregorio Martínez, tanto en Tierra de caléndula como en Canto de sirena, lo cual no implica sujeción a un determinado canon o concepción ideológica impuesta; por lo tanto esa identificación con el pueblo (o con las clases trabajadoras) no debe llevar al crítico a establecer una relación de causa/efecto entre la obra del autor y las ideas del grupo literario ni mucho menos -como pretende la crítica- a «desvincular al autor, de Narración», porque -dice- «Mi estudio un poco trata de desvincular al autor de Narración y de reconocer el valor de Canto de sirena como novela.» Esto, pues, por decir lo menos, es una exageración. Es, realmente, un desfase crítico decir lo siguiente: «Si bien el autor perteneció al grupo, la novela no recoge las propuestas ideológicas que tenía el grupo, básicamente la revista Narración. Hasta Tierra de caléndula digamos que sí, porque incluso en el análisis que yo hago, demuestro que el autor cuando reúne los cuentos para publicarlos en libro, los editó de cierta forma para que tengan ese matiz ideológico que tenían en narración.» Toda esta parrafada «crítica» lo único que demuestra es una incomprensión absoluta de lo que significó Narración. Lo que hay en Tierra de caléndula -reitero- es un rescate de personajes populares, los mismos que igualmente Martínez hubiera trabajado incluso sin pertenecer a Narración: el valor de su creación se mide por ella sola. Por eso hay que remarcar lo siguiente: Para «reconocer el valor de Canto de sirena como novela» no es imprescindible meterse en la vida del autor y ‘desvincularlo del grupo al que perteneció’. Esto último es, en todo caso, algo que corresponde decidir al autor; no, al crítico. Y si éste ve que la obra no trasluce ningún vínculo con la actividad grupal del autor, pues, simplemente, pasa por alto este hecho, y no se empeña en demostrar que «no hubo lo que no hay». Lo otro es un despropósito supino. Y me hace recordar un coloquio en el que intervino un tipo que había hecho una tesis sobre la presencia de los pájaros en la poesía de Vallejo, y empleó más de quince de los veinte minutos que tenía para rendir homenaje a Vallejo, reiterando que en su poesía no había encontrado la presencia del cisne, es decir: «no había lo que no hay», lo cual es no sólo una tautología sino una perogrullada.
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