«Vale más canción humilde que sinfonía sin fe». J.C.
«Si no vives para servir, no sirves para vivir», este es el lema de:
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El año pasado (2010) realicé un trabajo de investigación sobre la narrativa corta de Julio Ramón Ribeyro (para la Facultad donde trabajo en la Universidad Nacional de Piura-Perú). Y al leer el tomo II de su Diario Personal La tentación del fracaso, me di con la sorpresa de encontrar ahí dos cuartetos en alejandrinos escritos por el poeta Julio Ramón Ribeyro. Y se me ocurrió completarlos dándoles la forma de un soneto, para lo cual agregué los tercetos, que cumplen sólo la función de complemento a una idea poética valiosa que, como aguja en un pajar, brilla entre perlas y zafiros de nuestro escritor genial…

(Soneto [1])
“Como barco que sale en busca del naufragio
Levo anclas cada día para hacerme a la vida
No temo ni avería mar brava o mal presagio
Otros antes jugaron semejante partida
“Mi arrojo no demuestra más que el arte del plagio
Si zozobro qué importa en mi tumba perdida
Que pongan vino rojo el aire de un adagio
Una pluma quebrada y el verso de un suicida.”
En todo hombre hay el moho de un duelo desolado
La raíz de una sombra que huye de sus dos pasos
El corazón reseco de un colibrí asustado
La corriente de un río muriendo en varios brazos
Para llegar al puerto de un mar nunca anhelado
Que a golpes inició La tentación del fracaso.


[1] Los dos cuartetos aparecen en La tentación del fracaso II, p. 223. 
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