Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.

¿Es bueno conocer el misterio de la vida?

¿El secreto de los días? ¿La indiferencia de los llantos?

¿La hipocresía de la niebla? ¿Los insultos del verano?

¿Lo insondable de las playas? ¿Los deterioros del olvido?

¿La delicia celosamente guardada de la estrella?

¿No sería mejor vivir con el espíritu nocturno de las aves?

¿Con la dimensión intolerable de la orilla?

¿Con el enigma manifiesto e irreprochable de los trigos?

¿Con la terquedad silenciosa y condenada de las cuevas?

¿Con la suerte inquietante del sonido?

¿De qué manera el nacimiento favorece nuestras huellas?

¿La sabiduría nuestras dudas? ¿Las equivocaciones nuestras fiebres?

¿Los problemas nuestros signos? ¿Las grietas nuestras penas?

¿El suicidio nuestras sombras? ¿Nuestras palabras el futuro?

¿No es verdad que la indignación de las mañanas

los insultos de los días la historia terca e incorregible de los años

perturban y cambian nuestras voces la sinceridad de nuestra culpa?

¿Qué hacer entonces con el tiempo que sobrevive a la tragedia?

¿Con los complejos que tratan de fundar una nueva situación

en la atrocidad de la esperanza? ¿O con esa forma diferente

y resignada de ver las cosas y comprenderlas

más allá del sueño y la sobriedad del infinito?

¿Llegar hasta el enigma de lo oscuro?

¿Hasta la frustración del desaliento?

¿Hasta la vergüenza punible de la ausencia?

¿Hasta el sinfín irracional de las ciudades?

Como véis no son preguntas sin respuestas

ni respuestas sin preguntas Son preguntas llenas de respuestas

que no alcanzan a resolver todos los atentados y delitos en el agua

Porque nadie es indispensable en el espejo

en las caricias de los labios en las contusiones de las manos

Ni siquiera el final de la existencia puede trascender

o redimir los umbrales tendenciosos de la infancia

Lo que viene y se hunde para siempre

en el árbol desdibujado y melindroso de la nada

(Texto proporcionado por el autor).

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