Señor rentista, señor funcionario,
Señor terrateniente,
Señor coronel de artillería,
El hombre es inmortal:
Vosotros sois mortales.
Es curioso cómo la podredumbre
Se adelanta a veces al cadáver.
Soportad vuestro olor, mostradlo
Si queréis, poquito a poco.
Pero no habléis.
Señores, enseñad el trasero
Pero no lloréis nunca,
Cierta decencia es necesaria
Aun entre las bestias.
Pensad en el cielo, también,
En las alas blancas
Y en la música de las arpas
Dulcemente tocadas
Por vuestras dulces manos.
Pensad en vuestros libros de lectura, en las viudas
Tísicas y abandonadas que ayudaréis con una
trompeta de oro.

Pensad en vuestros billetes, en los veranos junto al mar, en la mucama rubia, en el amante moreno, en los pobres que besaréis en la otra vida, en las distancias terrestres, en los cielos de almíbar.

Pensad en todo,
Vuestros días sobre la tierra no serán numerosos.

Washington Delgado,
Perú

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