MANUEL JESÚS ORBEGOZO

Naturalismo o realismo

El escritor chiclayano Julio C. Fernández Carmona no le perdona ni siquiera el mal uso o el olvido de una coma a Mario Vargas Llosa.

Se encuentra en circulación el libro “El Mentiroso y el Escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa” de Julio César Fernández Carmona, conocido escritor peruano de quien se dice que, como pocos, “suele concitar muchas y muy variadas reacciones, de coincidencia o de rechazo, de elogio o de insulto airado”. En efecto, el presente trabajo realizado por Fernández Carmona no tiene por qué escapar a la definición que los mismos editores han consignado en relación con el comportamiento crítico del autor.

Severidad crítica

Desde el nombre del libro mencionado se entenderá que Fernández Carmona cae en uno de los apelativos que provocan su inevitable rechazo. El nombre de “El Mentiroso y el Escribidor” es un juego de palabras zahirientes porque reemplaza a “Julia y el Escribidor”, una de las obras del novelista Mario Vargas Llosa.

Las más de 400 páginas del libro están escritas en lenguaje críptico o excesivamente explicito, hay muchas páginas honorables porque demuestran la severidad crítica del autor sobre problemas estéticos, pero muchas donde cae en las menciones conocidas en el vulgo, como “chacota”. Por supuesto que en el terreno de las opiniones o de la crítica toda exposición ideal es válida porque representa el sentir y el pensar de quien lo expone. En este caso, todo lo académico o lo vulgar que se pueda encontrar en las páginas del libro son responsabilidad absoluta del autor.

Antiandinista

No es la primera vez que se escriben libros de crítica sobre Vargas Llosa, se cuentan decenas acaso, y no todos son laudatorios. Los escritores peruanos, salvo los de élites conocidas, criticaron muy severamente a MVLL desde que se conoció su posición política, social y étnica. Su posición antiandinista –donde José María Arguedas constituye un autor prototípico– le crearon numerosos rechazos principistas. Al respecto, para demostrar hasta qué grado de rechazo llegan algunos intelectuales o artistas peruanos, baste señalar que una exposición exclusiva del pintor cajamarquino Andrés Zevallos, la hizo como medio de protesta y reivindicación de la posición antiandina vargasllosina. Y el rudo crítico Tomás G. Escajadillo, en su libro “La Narrativa Indigenista”, le dedica numerosos párrafos de crítica a su posición en antiindigenista, aunque también a numerosos escritores que se consideran equivocadamente dentro de esta tendencia.

Comas olvidadas

A pesar de que el libro contiene lúcidas referencias a la obra de Vargas Llosa, no deja de tener referencias donde salta su trato subalterno y “aun agrega que esa situación cleplótoma busca suprimir la realidad”, en sus argumentos para afianzar el realismo. Fernández Carmona no le perdona ni siquiera el mal uso o el olvido de una coma.

El libro está dividido en cinco capítulos y como dicen los editores: “Su autor, Julio Carmona, se ha propuesto demostrar en este estudio que las concepciones estéticas y las obras narrativas de Mario Vargas Llosa no responden a los postulados del realismo sino del naturalismo”. A propósito, el fondo del libro estriba en comprobar cuál de las dos opciones teóricas esgrime su obra: el naturalismo o el realismo. Es el aporte a la dilucidación de un intenso debate.

Antes, “pasa revista al marco teórico del narrador, (con relación a la creación artística y la realidad) y fundamenta discrepancias con rigor y entusiasmo polémico”. No se sabe si MVLL tendrá en este “El Mentiroso y el Escribidor”, no un nuevo dolor de cabeza, sino posiblemente algo nuevo en qué distraerse.

WALTER SAAVEDRA

COMENTA EL COMENTARIO DE M. J. ORBEGOZO

Sobre Julio César Fernández Carmona dice Manuel Jesus Orbegozo: «Las más de 400 páginas del libro están escritas en lenguaje críptico o excesivamente explicito, hay muchas páginas honorables porque demuestran la severidad crítica del autor sobre problemas estéticos, pero muchas donde cae en las menciones conocidas en el vulgo, como «chacota».»

Las palabras de Orbegozo, sobre el libro que Julio Carmona (como siempre lo hemos conocido nosotros desde que lo hemos conocido en aquel Patio de Letras de la CU de San Marcos) son buenas, pero… Ya no leo con gusto a este Orbegozo tan diferente a aquel que yo conocí cuando él era el Presidente de la Asociación Peruano China. Ya no leo con gusto a este Orbegozo que visité en una ocasión cuando debía conversar con él sobre quién sabe qué y me dijo quién sabe qué. Lo siento con una cautela exagerada. Lo siento con la actitud de dar halagos con una mano y borrarlos con la otra. Lo siento ser ni de aquí ni de allá. No le recrimino nada a Orbegozo. Nadie soy para recriminar nada a nadie. Solo opino… si opinar es decir lo que se piensa y lo que se siente cuando se quiere decirlo. Es asunto suyo ser como quiera ser. Y es asunto suyo si no es quizás como yo pienso que es.

Como quiera que sea, sus palabras, siendo como considero que son, despiertan nuestro interés por el libro «El Mentiroso y el Escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa» de Julio César Fernández Carmona… Nuestro tan querido Julio Carmona, Carmona no ha perdido su acerado estoque, que siempre le conocimos. Se ha hecho más maduro, eso sí. Su estilo es el del estilista que da estoques de acuerdo con quien combate, mandobles por aquí mandobles por allá… puede ser muy elegante, puede ser muy falto de elegancia… de esa elegancia señorial que se considera tradicionalmente «elegancia» (¿Dónde habrá dejado su dedo meñique?). Pero es él. Siempre sera él. Siempre será Julio Carmona.

Lo que leo de Julio Fernández Carmona ahora y siempre, lo retratan como alguien que sabe lo que dice porque siempre tiene algo que decir, diferente a lo que pensamos y, sin embargo, en la línea de lo que pensamos. Aprendemos de él. Gozamos aprendiendo con él. A veces resulta demasiado agresivo para nuestro gusto. A veces resulta demasiado arremetedor para nuestro gusto. Quizás pierda, en algún instante, de vista el objetivo entusiasmado con la necesidad de conseguir ese objetivo. Cosas que ninguno de nosotros puede estar libre. Pero eso hace aún más interesante lo que Julio acostumbra entregarnos siempre, hace más interesante este libro que nos entrega ahora. Leer este libro suyo, que arremete con todo, contra aquel que se ha considerado el representante de lo peruano no conociendo el Perú, es algo que siempre será una tarea de todos aquellos que, si, amamos el Perú; será siempre una tarea de quienes, si, aman el Perú porque conocen algo de él. Y lo conocen bien por haber vivido, gozado, sufrido, en fin, por haber formado parte de la vida de todo aquel que vive y sabe vivir. Lamentablemente, Vargas Llosa jamás vivió en el Perú. Siempre estuvo inmerso en su propio mundo, del que no quiere salir hasta ahora. Vargas Llosa –no confundir con su hijo y peor escritor Álvaro- aprendió a escribir y jamás se preocupó por aprender a conocer al ser humano mas allá de sí mismo. En todos sus personajes está él, actuando de una u otra manera. Los personajes de sus obras «andinas» son costeños como él, sino el mismo Marito siempre una vez más. La única obra que me gustó muchísimo fue «La guerra del fin del Mundo», que es completamente diferente, en su trato de los personajes, y la presentación de los mismos, a todas sus otras novelas. Por cierto que es la única obra de la que lo han acusado de plagiario. Aunque no creo que lo haya sido. Simplemente debe haber utilizado un material no suyo para hacer algo diferente pero no tan diferente, lo suficientemente diferente para que no sea literalmente hablando, legalmente hablando, un plagio.

No hemos leído el libro de Julio Carmona. Esperamos hacerlo pronto. Recomendamos también nosotros su lectura. Recomendamos que bebamos su cicuta ofrecida a Vargas Llosa como una ofrenda dada por Sócrates, no bebida por Sócrates. ¡Mario Vargas Llosa un mitómano? Sí, pero porque siempre ha vivido fuera de la realidad de los demás. Siempre vivió en un mundo de fábula. Siempre vivió donde nadie, ni siquiera él mismo ha vivido nunca. Marito es una novela que se escribe cada instante de manera diferente para decir siempre lo mismo. Es ciertamente un mitómano. ¿Mentiroso? El mentiroso sabe que miente. Marito cree que dice la verdad. Una verdad que inventa pero que no sabe que inventa, sino que piensa que vive y que todos los demás también lo viven porque él lo vive y nada más. Leeremos con el mayor de los placeres este libro de Julio César Fernández Carmona. Debió aprovechar Julio para mandarse un cherri sobre donde se vende y el precio y todo aquello que bien nos cae a quienes queremos obtener su libro. Esperemos que lo haga pronto.

Walter Saavedra.

Share