«Vale más canción humilde que sinfonía sin fe». J.C.
«Si no vives para servir, no sirves para vivir», este es el lema de: www.mesterdeobreria.blogspot.com


En toda sociedad civilizada, la protesta es un derecho ciudadano inalienable. La máxima expresión de ese derecho es la insurgencia, que consta en la Constitución Política. Esa situación debe enorgullecer al ser humano, pues no hace otra cosa que ratificar su calidad de ser libre, que es la esencia de su ser democrático. Por ello difundo estas bienaventuranzas que, de manera anónima como todos los designios de Dios, han llegado a mi poder. Y todo aquel que tenga algo en su poder o que tenga el poder de hacer algo está en la obligación de compartirlo.


Bienaventurados los que tienen algo por qué luchar, porque luchar es crear, y porque crear es atributo de Dios.


Bienaventurados los que elevan su voz de protesta, porque ellos, tarde o temprano, serán escuchados, y porque la voz del pueblo es la voz de Dios.


Bienaventurados los que elevan sus puños de protesta, porque en ellos está representado el poder del pueblo, y porque el poder del pueblo es el poder de Dios.


Bienaventurados lo que salen en marchas de protesta, porque las calles pertenecen al pueblo, y porque ellas son los caminos de Dios.


Bienaventurados los que hacen huelga de hambre, porque esa es la única manera de conquistar el pan, y porque de los hambrientos es el reino de Dios.


Bienaventurados los que denuncian las injusticias de la patronal, porque ellos ya saben quién es el enemigo, y porque el enemigo del pueblo es el enemigo de Dios.


Bienaventurados los que no se venden por un plato de lentejas, porque ellos son los dueños de su dignidad, y porque sólo los dignos pueden mirar de frente a Dios.


Bienaventurados los que mueren abaleados por el poder terrenal, porque quien muere por el pueblo es inmortal, y porque los inmortales alcanzarán el poder celestial a la diestra de Dios.


Bienaventurados los que regresan vivos a sus casas después de arduas jornadas de lucha por la justicia, porque entrarán limpios a las miradas de sus seres queridos, y porque esas miradas son la mirada de Dios.


Bienaventurados los que, en lugar de rogarle a Dios, cogen palos y piedras y salen a enfrentarse con los demonios del “orden”, porque Dios no pide ruegos sino acción, y porque Dios ha dicho: “Ayúdate a ti mismo que, así, te he de ayudar Yo”.


Epílogo: Se sabe -hasta la tradición- que frente a las agresiones de los gobiernos de turno los trabajadores sólo tienen una alternativa: luchar contra ellas, porque esas agresiones lo que buscan es amordazar al pueblo, mientras la patronal despotrica contra el pueblo con su prensa venal.
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