«Vale más canción humilde que sinfonía sin fe». J.C.
«Si no vives para servir, no sirves para vivir», este es el lema de: http://www.vosquedepalabrasvives.blogspot.com/

Ti es una forma pronominal de la segunda persona. Es la expresión apelativa que concuerda con la generosidad, cuando se dice –por ejemplo– “Esto es para ti”. Aquí la uso, en el título, no para denotar un calembour; sí, para connotar que en la realidad: la segunda persona no existe, y que las terceras personas son una ficción. El prójimo –que, según Antonio Machado, puede ser considerado como sinónimo de próximo– no es ya más el espejo que el cristianismo te enrostraba para que lo ayudes como a ti mismo. El “vuelva mañana” o “el disculpe, hermano”, lo ha ido distanciando, al extremo de que la mendicidad –esa antigua, venerable e incluso lucrativa actividad– ha disminuido casi hasta la extinción. Hoy resulta más efectivo pedir limosna a mano armada.

El pueblo más pobre del mundo, Haití, ha debido lanzar, a todos los vientos, su más trágico grito, para que el mundo desempolve la idea de su existencia, de los más recónditos entresijos de su recuerdo. Sobre la joroba del subcontinente americano la isla se proyecta como una boca abierta, con su ruego petrificado, con su angustia cerril. Pero es una boca sin cuello; mejor decir: con un cuello ajeno, el otro extremo de la isla, que pertenece a otro pueblo, no tan feliz: el pueblo dominicano. Pero el terremoto se ensañó con Haití, y viene a ratificar lo que dije en una de mis acostumbradas coplas: Aprovecho la noticia / Del maldito terremoto / Para entender que sevicia / Es romper lo que está roto.

Y lo más patético es advertir que los Estados no asumen la ayuda a cuenta de ellos sino que la cargan a la misericordia de sus pueblos (no menos dolidos que el de Haití); y éstos manifiestan su solidaridad (porque “hoy por ti, mañana por mí”); pero muchos desconfían de que su ayuda llegue a él, pues ¿qué pueblo no ha sido testigo de las puertas falsas por las que se volatilizan las donaciones de la caridad humana?

La oscuridad total en la que vivimos los pueblos globalizados nos hace invisibles. Nuestra pobreza es una cifra estadística que, hoy por hoy, está permitiendo a los iluminados del globo preparar formas más eficaces de exterminio. Y nada más.

La desgracia del hermano pueblo de Haití ha venido a demostrar que “no hay ti”, y que todo lo que se haga por él será sólo una muestra de compasión, un exorcismo para la iniquidad o un golpe de pecho más.
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