«Vale más canción humilde que sinfonía sin fe». J.C.

“Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios”, esta frase pertenece a Marco Tulio Cicerón, el gran orador y estilista de la Roma antigua. Y calza con absoluta precisión para ser aplicada a algunos ex alumnos de la Universidad Nacional de Piura que publican moralistas artículos periodísticos, y que, en su momento, apoyaron a esa corrupción que, hoy, alejados de las aulas, pretenden “denunciar”. Y peor aún enlodando –con miopía metafísica– a toda la Universidad actual, obviando la existencia de una reserva moral representada por un minoritario pero meritorio número de docentes y estudiantes que combaten la corrupción, ante la cual se prosternaron esos imprevistos moralizadores de hogaño. En cuyo caso cabe repetir, con la sabiduría popular: “Ya no se acuerda la vaca de cuando fue ternera”.


No es raro ver cómo determinadas personas actúan con una doble moral: la de uso personal y la de uso social; para los de fuera se tapa con un manto el mal interior; es decir, que esos bipolares, parodiando el mito de Perseo de quien se dice que usaba una nube como escudo para combatir a los monstruos, aquéllos “se meten en la nube hasta los ojos y las orejas, para poder negar la existencia de las monstruosidades”.


Es cierto que la capacidad de autocrítica es difícil de alcanzar. Pero es o debe ser una aspiración constante: construirse una sola moral, la misma que –en base a una persistente autocrítica– impida la generación de la falsa moral, de la falsa consciencia, aquella que funge de accesitaria cuando cesa la otra que siempre debiera ser titular. Es esa falsa consciencia la que usa el argumento de “trabajar por la institución” cuando lo que se está haciendo es apoyar a la autoridad corrupta que ha comprado esa “consciencia” con un cargo rentado. A esos seres atacados de un repentino alzheimer vale recordarles estos versos llenos de orgullo del poeta cubano Roberto Fernández Retamar dedicados a su padre, de quien dice que: “fue honrado como un rayo de sol, / e incluso se hizo famoso porque renunció una vez a un cargo cuando supo que había que robar en él”.


Es verdad que en el nivel directivo de la Universidad Nacional de Piura hay más de una evidencia que justifica la vergüenza institucional; pero no son las manos manchadas de sangre las llamadas a limpiar el hecho criminal, y porque al ladrón le es fácil decir de otro que corre: “Allá va el ladrón”.

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