Unos cuantos cuentos
de Julio Carmona

“La guitarra”, el primer texto de Unos cuantos cuentos, colección que nos ofrece Julio Carmona, anticipa la condición narrativa de la mayoría de los otros relatos, a pesar de la disímil composición de éstos, así como sus diversas técnicas, personajes y ambientes.

En “La guitarra”, desde las primeras líneas, resalta el tono coloquial, que en este cuento asume un rescate directo de la oralidad, condición que se hallará presente, de una u otra manera, en todo el libro. El narrador es aquí un viejo hombre de pueblo que evoca una historia a partir de una guitarra aparentemente abandonada, solicitada por un joven. Mediante este recurso, el narrador se va adentrando en el pasado y, por lo tanto, en otra forma de pensar y de actuar. A medida que se avanza en el relato, se va revelando la condición del narrador, un viejo poblano, que en su juventud fue “gallero y buen bebedor de chicha” además de gran tocador de vihuela; y así, poco a poco el lector es trasladado al mundo de los bandoleros norteños, en donde al final se agrega el componente que acompaña a “el juego, el guitarreo y el galantear”: la violencia, que actúa como desencadenante de la historia. De bandoleros es también “Cavar un hoyo o ‘La cruz de los Juárez’”, cuento (que tiene como referente histórico, un lugar de Ferreñafe, en el Departamento de Lambayeque) cuyo final es igualmente dramático. Por otra parte, este interés por el pasado regional, se advierte en el último cuento del libro -y también de su producción- titulado “El secreto espejo del primer amor”. Esta vez, la historia se remonta a la época de la esclavitud, en una hacienda de la costa norte, donde se desenvuelven varios conflictos propios de la época.

En “La guitarra”, como en “Cavar un hoyo o ‘La cruz de los Juárez’”, la historia no discurre por el usual cauce de los relatos regionales, pues el soporte estructural descansa en una filosofía de vida –que da soporte al libro y se irá evidenciando sutilmente en la medida que se sucedan los cuentos. En el primero de los mencionados, cuando el narrador-personaje está empeñado en explicar a su interlocutor, a través de términos locales y refranes su punto de vista, ratifica su posición afirmando: “cuando la vida te llama a descanso muere el tiempo y muere el viento”. Y a continuación, refiriéndose a la guitarra, dice que “Ella es como la constancia que la memoria precisa cuando de sacar cuentas se trata”. Lo cual, en conjunto, expande la riqueza del lenguaje.

Pero este contrapunto entre el saber popular y las ideas sutiles y hasta poéticas no es el único recurso narrativo de Carmona, quien también se vale del montaje de dos planos temporales diferentes que convergen en un final efectista, como por ejemplo en “Por las buenas” y en “Servicio de turno”. También emplea el monólogo interior de manera efectiva en “Ahora que sí puedo decirle todo esto”.

No estamos, pues, ante un narrador ingenuo que intenta recrear de manera naturalista las historias escuchadas en su localidad, o imaginadas por influencia del ambiente. Y si bien en la mayoría de los cuentos se advierte el uso de localismos –sin abusar de ellos–, y un predominio de historias regionales, todos los cuentos revelan un tratamiento literario consistente y efectivo. En otras palabras, Carmona conoce y domina el oficio de narrador y conduce sus relatos siguiendo los cánones establecidos por la poética del cuento.

De esta manera, va desgranando historias en las que se van apuntalando rasgos que configuran su mundo narrativo. Uno de ellos es la opción por el diseño de personajes de extracción popular, como en los cuentos ya mencionados. En todos los casos -incluyendo los cuentos de tema urbano: como “Cambio de posta”, “El retorno” y “Castración”-, la presencia de lo popular se revela de distintas maneras. En “La alegría por los suelos”, el punto de vista narrativo parte de una colectividad, como que podemos leer: “Nosotros le damos la espalda a la iglesia y también al sol”…; o si no, se desarrolla el enfrentamiento de los débiles contra los poderosos. Así, en “Por las buenas”, un conflicto laboral enfrenta al patrón con los obreros; en “Ahora que sí puedo decirle todo esto”, se expone el abuso de la gente del gobierno sobre un humilde padre de familia; en “Calibán”, se abordan la soledad y el desamparo en el contexto de las relaciones patrón-peón de hacienda.

Otro rasgo importante en la narrativa de Carmona es el humor, que lo consigue mediante la descripción, como en el extenso primer párrafo de “De entierros y desentierros”, pasando por el humor de situaciones, como en “La alegría por los suelos”, e incluso el humor negro, recurso que utiliza para atenuar el peligro de caer en la truculencia, en el final de “Por las buenas”.

Además, Carmona, como buen poeta -pues él ha hecho su ingreso a la literatura por la puerta de la poesía- incursiona en el tema del amor, tema difícil si los hay, en la narrativa. “Servicio de turno” corresponde a la secular historia de un triángulo amoroso, que desarrolla de manera irreprochable, sin caer en un final previsible, gracias sobre todo a su adecuado manejo de la trama y de los planos temporales.

Por todas estas razones, que tienen que ver con el adecuado manejo del lenguaje, de las técnicas narrativas, con sustento en un punto de vista coherente con sus ideas y convicciones personales; así como por la riqueza y fuerza del tratamiento de sus textos, y por aquellas razones que no se pueden explicar analíticamente, por corresponder al simple placer que produce seguir una historia bien contada, Unos cuantos cuentos, de Julio Carmona, es un libro que puede colmar las expectativas de todo lector amante de la literatura.

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