Para ti debo ser, pequeña hermana,

El hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora

¿Por qué no he amado sólo

Las rosas repentinas,

Las mareas de junio,

Las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar

la rosa y la justicia,

El mar y la justicia,

La justicia y la luz?

Fui un niño como todos.

También mi infancia

La atravesaba un río

Y tenía una hora misteriosa

En la cual las palomas

A mi alma obedecían.

Pero me preguntaba

¿Por qué en mi calle

La alegría es un viento

Fugaz e inesperado?

¿Por qué no siembran trigo

También sobre mi pecho,

Si aquí en mi corazón,

Todas las noches,

Se desbordan los ríos?

Por eso fue una noche

El rostro de mi madre,

Astro de cera y llanto

En el cielo apagado de mi celda;

Por eso me negaron

El Perú en mi desvelo,

Y vanamente grito:

Devolvedme mi patria,

Devolvedme mi escuela de palomas,

Mi casa frente al mar,

Devolvedme su calle más pequeña,

Su lámpara más rota,

Su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,

Para ti debo ser, pequeña hermana,

El fantasma que vuelca

La sal sobre la mesa,

El mal hado que rompe

Las puntas de los días:

Y es que a ti te hace daño

Ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,

Te han de herir en la calle

Los juguetes ajenos;

La risa de los pobres

Ceñirá tu cintura

Y andando de puntillas

Llegará tu perdón.

Cuando esa hora suene

Es que amarás las rosas,

Las mareas de junio,

El jardín de diciembre

Donde los niños van;

Es que amarás mis sueños

Y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe

Fácilmente

Por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene

Y se empadrine en padre mi orfandad,

Iremos de la mano

Por las calles de Lima,

En trinidad de gozo:

La risa de mamá.

Juan Gonzalo Rose,

Perú

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