Este corazón que odió la guerra,

Hoy anhela el combate y la batalla.

Este corazón que sólo latió al ritmo de mareas y estaciones

De las horas del día y de la noche,

Se inflama ahora y manda a sus venas

Una sangre palpitante de salitre y de odio.

Tanto ruido lleva al cerebro que los oídos silban,

Y no es posible que ese ruido no invada la ciudad y aún los campos

Como el sonido de una campana llamando a la rebelión y al combate.

Escuchad cómo vuelve en la repetición del eco.

Pero no. Es el ruido de otros corazones.

Es el ruido de millones de otros corazones que laten como el mío en toda Francia.

Todos esos corazones palpitan al unísono con la misma mística.

Su ruido es el del mar al asalto de los acantilados

Y toda esta sangre lleva a millones de cerebros la misma consigna:

¡Todos contra Hitler y muerte a sus secuaces!

Sin embargo este corazón odiaba la guerra y palpitaba al compás de las estaciones,

Pero una sola palabra: Libertad

Despertó las cóleras antiguas.

Y millones de franceses se preparan en la sombra para el alba que le devolverán.

Queridos corazones que harán la guerra y lucharán por la libertad

Con la certeza de las estaciones y de los mares

Con la fuerza del día y de la noche.

Robert Desnos,

Francia (París, 1900)

Es uno de los poetas de la Resistencia Francesa, murió en el campo de concentración de Terezin (Checoslovaquia, 1945). En su pecho se encontró el último poema de amor, para su mujer soñada.

(Texto proporcionado por Christina Castello).

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