Fue una alegría de una sola vez,

De esas que no son nunca más iguales.

El corazón, lleno de historias tristes,

Fue arrebatado por las claridades.


Fue una alegría como la mañana,

Que puso azul el corazón, y grande,

Más comunicativo su latido,

Más esbelta su cumbre aleteante.


Fue una alegría que dolió de tanto

Encenderse, reírse, dilatarse.

Una mujer y yo la recogimos

Desde un niño rodeado de su carne.


Fue una alegría en el amanecer

Más virginal de todas las verdades.

Se inflamaban los gallos y callaron

Atravesados por su misma sangre.


Fue la primera vez de la alegría,

La sola vez de su total imagen.

Las otras alegrías se quedaron

Como granos de arena entre los mares.


Fue una alegría para siempre sola,

Para siempre dorada, destellante.

Pero es una tristeza para siempre,

Porque apenas nacida fue a enterrarse.

Miguel Hernández,

España

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