Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.

El peruano-español Mario Vargas Llosa posee tres facetas definidas en su trayectoria de escritor: la del narrador, el ensayista y la del político militante. ¿En cuál de ellas se siente más cómodo? Habría que buscar la respuesta en los mecanismos de su actividad diaria de hombre disciplinado y productor intelectual. La constancia o terquedad lo ayuda en sus cometidos, pero de allí a aceptarlo como un teórico veraz o analista literario científico nos puede llevar a muchos errores de apreciación. Valga esta introducción para contradecir la teoría mendaz o chapucera de Vargas Llosa cuando afirma que “la literatura está hecha de mentiras” y agrega: “la ficción novelesca permite al hombre vivir una vida distinta de la suya propia. Esa es la verdad que expresan las mentiras de las ficciones” (ensayo La verdad de las mentiras, 1990.) No voy a entrar en detalles respecto a mi profunda discrepancia con la apreciación del escritor peruano-español porque me alejaría del tema a tratar en este artículo; sin embargo, donde mejor se pone en evidencia la falsedad teórica de considerar a la ficción como una fábrica de mentiras es en la obra del escritor argentino Tomás Eloy Martínez.

Tal vez sin percibirlo en su totalidad, Tomás Eloy Martínez contradice en lo fundamental la arbitraria teoría de Vargas Llosa. Las principales novelas del autor argentino: Santa Evita, La Novela de Perón, El Vuelo de la Reina, El Cantor del Tango, se inscriben dentro de lo que podríamos llamar la ficción histórico-realista en la tradición novelística de Benito Pérez Galdós, Fédor Dovstoiewsky, Honorato de Balzac, Henry James, Joseph Conrad, lugar donde los principales personajes están envueltos en lo político y las visiones doctrinario-ideológicas. En su conjunto obras significativas de profundo cuestionamiento del pasado y presente de la historia vivida por los autores en cuanto a la visión de los acontecimientos públicos, la investigación de las pugnas políticas y la cuidadosa información en relación a la vida íntima de los líderes-personajes. En el caso específico de Tomás Eloy Martínez, su novelística abarca la historia política argentina en torno a las figuras emblemáticas de Perón y su primera esposa Evita. En un caso el paladín jefe supremo y en el otro la madre angelical, casi una santa. Pero en lo esencial el mundo ficticio de Martínez se dirige a la denuncia de la existencia de personajes corruptos, enajenados, complejos, en medio de enormes situaciones conflictivas de poderes propios, subalternos o subsidiarios. Además, se dirige a la revelación de la miseria material y el caos moral de una sociedad característica inspirada en el sueño de sentirse europea.

Martínez reproduce situaciones vividas en Argentina sin llegar a ser propositivo o atribuirse un discurso político-ideológico propio. En su intento literario, logrado de manera brillante, no trata a la narrativa como un simple reflejo de la realidad sino como un conjunto de interpretaciones cuya búsqueda se dirige también a explicar esa realidad. Por este camino el autor ingresa a la recreación constante de escenarios reales, a la inventiva propia de la creación literaria, al terreno de la imaginación clarividente y la penetración sagaz de los temas tratados. Precisamente, en esta narrativa de corte realista debemos preguntarnos ¿dónde están las mentiras que Vargas Llosa atribuye a la ficción novelística o literaria? La respuesta lógica es en ninguna parte, puesto que la inventiva y la ficción pueden llegar a ser una realidad o convertirse en una realidad que la historia oficial no pudo detectar pero existió. Por ejemplo muchas de las invenciones de Julio Verne se cumplieron en el tiempo y nunca aparentaron ser mentiras. Es en este sentido que hablamos, en la obra de Martínez, de una realidad observada, adivinada, transformada que de ninguna manera podemos valorarla como construida en base a mentiras. Por el contrario en la obra de este escritor argentino existe una relación íntima entre ficción y realidad, un punto de encuentro de dos visiones dialogantes y contrapuestas, donde por lo general, ocurre en la literatura, la ficción resulta muchas veces más verídica que la historia oficial o la establecida.

El realismo en la obra de Martínez no constituye un proyecto ideológico, nadie después de leer su obra de ficción histórico-realista o política va a ser persuadido de aceptar o rechazar el peronismo, pero sí de pensar alrededor de este fenómeno de la Argentina contemporánea. La recreación de la realidad argentina y más aún la de la ciudad de Buenos Aires, con saltos a lo mágico, a los mitos y la fantasía, reúne aspectos comparables a los del mosaico social crítico de la sociedad madrileña y sus clases sociales tan bien descritas en “Fortunata y Jacinta” y también en “Doña Perfecta” contra el clero y el control de la sociedad, novelas claves de la famosa obra de Pérez Galdós. También la narrativa de Martínez adquiere apariencias de la novelística francesa del siglo XX durante la post guerra, influencia del existencialismo de Sartre y Beauvoir y de la rebeldía de Albert Camus contra el absurdo de la condición humana. Sobre todo en “la novela de Perón” y “el vuelo de la reina” se observa un cuestionamiento político donde trabajan argumentos ideológicos y estéticos que reproduce la historia del peronismo en el apogeo (sueño y engaño populista) y la decadencia (ocaso del general.) La convocatoria a la memoria colectiva es otro hecho relevante en el lenguaje narrativo de Martínez porque estimula la discusión en torno al discurso autoritario emanado del poder del Estado y de los personajes adscritos a la jefatura del gobierno.

Las novelas políticas citadas de Tomás Eloy Martínez representan a su vez la constante búsqueda de la identidad nacional argentina, pues las descripciones entre lo real, lo ficticio, lo mágico y hasta lo esotérico comprenden no sólo la historia sino además la geografía, la idiosincrasia de sus habitantes, el arte, la arquitectura, la arqueología, la música y las costumbres. Descripciones todas ellas alejadas del naturalismo o formalismo del ambiente social o de la naturaleza para inmiscuirse en el drama de la acción de los personajes y de las circunstancias en que ellos viven. En esta dirección la novelística realista de Martínez sigue la base teórica en cuanto a que la literatura refleja la realidad tanto natural como social, siendo la visión del escritor un mundo vivido de donde va sacando los materiales necesarios para inventar la novela con plena autonomía y sin ningún escrúpulo. No obstante, el escritor argentino va un tanto más allá explicando o dándose una explicación posible al enfrentamiento político que vivió Argentina en los últimos años a causa del peronismo, las dictaduras militares sangrientas y el regreso de un general Perón en plena decadencia física y intelectual.

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