Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
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Considerado uno de los mayores poetas vivos de Iberoamérica, el argentino cumple hoy 80 años; en entrevista con MILENIO habla del acto de la escritura y de la lengua como un lugar de muchas patrias.



Infatigable luchador y maestro del “oficio ardiente” que es la escritura, sobre el autor de Violín y otras cuestiones podría decirse que ha permanecido estas ocho décadas también “de pie” pero frente a la vida, con la palabra como arma de combate en un mundo que, asevera, “nos quiere uniformizar el alma”.


Perseguido por la dictadura argentina, el escritor escapó a Europa en los años setenta y luego de un exilio que continúo por décadas decidió viajar a México.


Desde aquí el periodista y colaborador de la sección Fronteras de MILENIO, se mantiene atento a los sucesos internacionales y se pronuncia contra el “horror” de esa persistencia del racismo y la ignorancia. “Hay gente que no aprende nunca”, lamenta.


El ganador del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y del Cervantes, entre muchos otros, se dice contento de haber llegado a esta edad, el próximo jueves presentará, en el Centro Cultural España, una edición ilustrada de su libro Bajo la lluvia ajena, un texto donde aborda el doloroso exilio.


¿Qué ha significado para usted el exilio?


Una pérdida de mi país, acompañada de otras: muerte de familiares, amigos y compañeros bajo la dictadura militar y también la pérdida de un proyecto que procuró una sociedad más justa. Mi exilio transcurrió principalmente en Italia y Francia y se siente entonces con más fuerza la falta del ámbito familiar de la lengua, patria de la infancia, la familia, la niñez. Y afuera se es un forastero que no siempre es comprendido y que no siempre comprende.


¿Es entonces cuando la lengua se convierte en patria?


No hay más remedio. La lengua es un lugar de muchas patrias. Como durante el exilio me tocó estar en países donde no se habla el castellano, salvo breves estancias en Madrid y Nicaragua, uno se arma como una suerte de defensa y hay un aferramiento mayor a la propia lengua. Estar en medio de lenguas ajenas me llevó a estar más cerca de mis propias raíces.


¿Es la poesía una forma de resistencia?


Absolutamente sí. Es resistencia contra un mundo cada vez más mercantilizado en el que se nos quiere manufacturar y uniformizar el alma. La poesía abre puertas a la riqueza interior de cada uno de sus lectores.


¿La poesía ayuda a aliviar el dolor?


La poesía no es un desahogo. Se escribe por la necesidad de expresar lo que no tiene nombre todavía. El dolor no es necesariamente el motor de la poesía.


Uno de sus poemas habla del poeta “muerto de miedo y vivo de esperanza” ¿a qué se refieren esas palabras?


Reflejan un estadio de la escritura poética, el miedo a internarse en sí mismo de manera equivocada y la esperanza de hacerlo bien y encontrar la palabra. Me refiero al acto de escribir. La escritura es el momento de mayor felicidad. El miedo viene después, cuando ya se ha terminado el poema.


¿Cómo afronta el acto de la escritura? ¿Es disciplina? ¿Es inspiración?


La inspiración no se sabe cuando viene. Escribo cuando “la señora” llega y me golpea a la puerta y eso, no es todos los días. Algunas veces son periodos que duran tres meses otros que llevan años. Escribiré poesía hasta que “la señora” me abandone, hasta que se acabe y luego veré que pasa. Escribo en las noches cuando más cerca se está de uno mismo. Corrijo poco. Yo siento que en el momento de la escritura no por casualidad se juntaron ciertas palabras, en cambio, lo que me parece que no está logrado se va a la papelera.


La militancia política lo marcó desde muy joven ¿cómo se vincula la poesía con la política?


No se vincula. El único tema de la poesía es la poesía y por eso puede hablar de todo, incluso de política. Para escribir sobre cualquier tema: el amor, la injusticia, la soledad, la política, tiene que haber una coincidencia entre las circunstancias interiores con las exteriores. Cuando lo de adentro no coincide con lo exterior, entonces no se puede escribir sobre eso, porque el resultado serían sólo panfletos.


Ha recibido muchos premios, el Cervantes, el Reina Sofía. ¿Cambian su perspectiva esos reconocimientos?


En el momento el premio causa agradecimiento, además tiene un efecto positivo en el sentido de que la obra se lee un poco más. Desde el punto de vista de la escritura no sé es mejor ni peor poeta que antes del premio. El acto de la escritura no cambia con los premios. Ningún elogio escribe por vós.


¿Cómo celebrará sus 80 años?


Contento de haber llegado a esta edad y no tanto porque ha disminuido mucho el número de cumpleaños que celebraré en adelante. Voy a pasar mi cumpleaños con mi familia, pero lo voy a celebrar dentro de 20 días para tener la ilusión de que sigo en los 79.

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