Ya no le tenéis miedo
A César el Vallejo,

Ya no guerrea,
Ya no suda,
Ya no canta,
Hundís vuestra cabeza en su boca tremenda,
Ya no muerde,
Hasta le amáis ahora
Vosotros mercaderes
Polizontes
Profesionales del hacerse el sueco.

Habéis dicho que venga
Ahora que está muerto ¡así qué gracia!
Hasta podéis ponerlo en vuestras mesas
Y usar de ceniceros sus alvéolos,
Colgar de su esqueleto una campana
Para la cita con que el Directorio
(Un toro calvo y otros cuatro gatos)
Iluminan la sala respetable
Con curvas-secretarias y alegatos.

¿Y para qué traerlo?
¿Queréis estar seguros de que ha muerto?
¿Queréis poner el dedo en esa llaga?
Él no la tiene, mártir, al costado:
Su llaga está en la tierra,
Está en la tierra y se llama España.

O lo que queréis acaso con vosotros, por temor
A que todos rodeemos su cadáver
Y le digamos: ¡César levántate y combate!
Y entonces él, usando otra vez su vos llorada,
Repita como entonces: la harina es de los pobres
Y los demás se pelan ¡camarada!,
O lo queréis
Para decirle Juanito: toca no hace nada
Para decirle a Yohnny: hinca, no hace nada
(Se toca y no se lee: ¡peruanada!

Casi os comprendo, casi:
Estando en vuestras manos
Lo pondréis en museos
A él, que como nadie
Llevaba tan Vallejos sus huesos por las calles,
Casi os comprendo, claro,
Le aplicaréis domados psicoanálisis
Para explicar por qué llegado un día
Él se fue a la España guerrillera, con su voz
Con su cholo y su manera…
(No faltará pintor iluminado
-Señor de rentas pulcro y afeitado
De esos que pintan muy de cuando en cuando-
Que le haga un cuadro donde se le vea
Vestido de sargento y comulgando).

Ya no le tenéis miedo
A César el Vallejo,
Ya no guerrea,
Ya no suda,
Ya no canta,
Ya no os dice aquello:
No quiero ver yo piedra sobre piedra
De ese Perú de sedas y de cuarzo
¡Pero temblad!: su poesía vive
Y anda por la tierra reclutando
Los guerrilleros que vendrán en Marzo.

Juan Gonzalo Rose,
Perú

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