Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
«Si no vives para servir, no sirves para vivir»
es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com

Oswaldo Soriano



“Tratá de no meter todo en tu primer libro. El primer libro es eso, el primero. Después tiene que seguir otro. Y otro. Este oficio consiste en trabajo, paciencia y no aflojar”. 
– No es saludable que con un primer libro te vaya ni muy bien ni muy mal. Si te va fenómeno, después te va a costar el doble que el primero llegar al segundo. Si te ignoran o te aplastan, se necesita mucha fuerza para levantarse después”. “Cuando te ganás lectores, tenés una responsabilidad. Los lectores te pueden perdonar un tropiezo, dos. Pero así como te siguieron, si les mentís se dan cuenta. Y te abandonan. 

– No sé qué es el estilo. Quizá no conviene que un autor lo sepa. Pero los que sí lo saben son los lectores. 

– Hay cosas que los argentinos, y en particular los intelectuales, no perdonan. Que te vaya bien. Hay ejemplos. 

– Nadie escribe para no publicar. Es mentira que a uno no le importan ni la crítica ni la opinión de los lectores. 

– Hay escritores que no se traban nunca, que no tienen problemas con la página en blanco. Por lo general, son los más prolíficos, los más petulantes y, por supuesto, también los más mediocres. Cuando te trabás, ahí es donde hay que retomar el impulso, insistir. 

– No hay que mostrar mucho lo que uno anda escribiendo. Con unos pocos buenos amigos, que sean también buenos lectores y no perdonavidas, es suficiente. La crítica de un amigo suele ser más justa que el elogio de un crítico. 

– No hay que confiar nunca en los editores. Sí, hay editores honestos, pero sobran los dedos de una mano para contarlos. Mientras un escritor tiene tres, cuatro, a lo sumo una docena de libros para escribir en toda una vida, un editor tiene cientos de miles, para vender. El autor se envanece con la posibilidad de dar conocer su obra. El editor, en cambio, se conforma con hacer un buen negocio a costo de otro. Se supone que un escritor es valiente. Sin embargo, cada vez que se discuten estas cuestiones de los derechos de autor, somos siempre los mismos dos o tres desconocidos de siempre los que puteamos. Y nos toman por borrachos. 

– Los perdedores son siempre más interesantes que los ganadores. A los ganadores no se les cree. Por lo general, se agrandan y mienten. Por eso los perdedores resultan más atractivos, más humanos. Los perdedores todavía ignoran cómo se hace para ganar, prueban, lo intentan y fracasan, vuelven a intentarlo y vuelven a fracasar. Además se mantienen fieles a sí mismos en esa lucha. 

Jorge Luis Borges



El tiempo me ha enseñado algunas astucias: 

* Eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias. 

* Eludir hispanismos, argentinismos, arcaísmos y neologismos. 

* Preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas. 

* Intercalar en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector. 

* Simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es. 

* Narrar los hechos (esto lo aprendí en Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo. 

* Recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo se encargará de abolirlas. 

Friedrich Wilhelm Nietzsche




1. Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.

2. El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.

3. Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente como se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser solo una imitación.

4. El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.

5. La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.

6. Cuidado con el período. Solo tienen derecho a el aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan solo una afectación.

7. El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no solo que los piensa, sino que los siente.

8. Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.

9. El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.

10. No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular el mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

Augusto Monterroso



El Decálogo del Escritor

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: «En literatura no hay nada escrito».

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

( El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez. ) 

Horacio Quiroga



Decálogo del perfecto cuentista

I. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tu mismo.

III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «Desde el río soplaba el viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, el solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII. Toma a tus personajes de la mano y llevalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo t? lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Dejala morir, y continúa luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento. 

Gabriel García Márquez



Advertencias de un escritor

1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más como termina un artículo que como empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo. 

Ernest Hemingway



Consejos para escribir sin miedo

1. Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.
2. La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve.
3. Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como “espléndido, grande, magnífico, suntuoso”.
4. Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas.
5. Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.
6. Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan allí. Se sienten solos afuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias…
7. A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos
8. Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

Diez Consejos de Hemingway para escribir algo importante en la vida

1. Enamorarse.

2. Creer en uno mismo cuando se escribe.

3. Mirar el mundo.

4. Frecuentar a los escritores del barrio.

5. No perder el tiempo.

6. Escuchar música y mirar pintura.

7. Leer sin parar.

8. No buscar explicarse a uno mismo.

9. Seguir aquello que te da placer.

10. Callarse la boca 

Share