Cualquier tarde.
Yo anduve por sus muelles
Sombríos, largos de fluviales nombres
-Marne, Loire, Oise, Seine-.

Las aguas sucias de petróleo y aceite.


Hablo del riachuelo proletario, abandonado,
A los pies de París
Arrastrándose
Igual que esos pontones de maderas cansadas
Que cargan vino, cemento y cereales
Y por la noche cuidan los perros guardianes.


Esos perros lanudos, atorrantes, tan humanos,
De sordos ladridos y turbias miradas
Que a veces cuelgan en los viejos puentes
Una tristeza dolorosa y extraña.


Boliches para obreros y ladrones
Que al mediodía comen carne de buey y hablan
De cosas importantes.


Mostradores maduros de puñetazos y de canciones
Moscas aplastadas contra los vidrios por los mocosos sin calzones.


Es para esas usinas sordas de oxidados soles,
De gruesas lluvias
-que me ahoga este poema.


Raúl González Tuñón,
Argentina

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