EL CASO «BARRABÁS»


Quiero decir algo sobre el mensaje de Dante Castro («Polémica sin fin»), gracias al cual ahora entiendo plenamente esa vieja expresión que se ha vuelto tan peruana: «decir barrabasadas».

He leído este y algún otro «artículo» del escriba y cada vez más tengo la impresión de que estamos ante alguien que va por la calle echando espuma por la boca y lanzando piedras. Me recuerda a un pobre orate que había hace años en mi pueblo, en Piura, y que iba así, tarde y mañana, buscando enemigos imaginarios, piedra en mano. Le decían precisamente «Barrabás».

«Barrabás» Castro, que posa de guerrillerista y se declara heredero de Mariátegui, Vallejo y Arguedas, insulta, distorsiona, arremete, miente sin tapujos y nadie en el campo popular le dice nada, con lo que nos hace sus cómplices. A mí me parece esto inaceptable.

«Barrabás» Castro, por ejemplo, alude del hijo de Mario Vargas Llosa como «hijo del incesto». Pero, ¿quién se ha creído…? ¿Quién se ha metido con sus padres, con su mujer o con sus hijos, por ejemplo? ¿Son estas las armas que debe emplear un intelectual del pueblo? No, de ningún modo, estas son armas de un demente, y «Barrabás» Castro las usa en nombre de una supuesta literatura clasista y revolucionaria. Así convoca nuestro apoyo, nuestra complicidad, con lo que nos hace también responsables morales de sus excesos, de su insania, a nosotros que callamos ante sus bravuconadas.

«Barrabás» Castro está perdiendo la chaveta por culpa de esa droga que destruye a escritores y artistas y que se llama «hambre de reconocimiento», estado mental que enajena de toda lucidez y altura, en particular cuando se pretende participar en un debate. Esto es lo que le hace atacar soezmente a Vargas Llosa, en un evidente intento de polemizar con él, o al menos con alguno de sus discípulos o subordinados. Y los resultados están allí, nadie le hace el menor caso. Todos lo ignoran, lo tratan como a un loco.

Para acabar, porque el tema no da para más, «Barrabás» Castro pretenciosamente se dice heredero de Mariátegui y se olvida que el gran Amauta, el padre del análisis marxista de la realidad peruana, pero también el anunciador de Martín Adán, nunca recurrió al insulto para polemizar, para atacar a sus adversarios. Lo mismo se puede decir del nada marxista Arguedas, quien era pura ternura ante la vida y cuya consigna final fue que enfrentásemos a los enemigos del pueblo con coraje y con cólera, sí, pero «sin rabia»…

¿Entenderá esto, alguna vez, «Barrabás»…?

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