(No menos interesante -para la polémica- es este artículo de Abelardo Oquendo, en el que -al parecer- conversando con él mismo, se despacha algunas apreciaciones que no dejan bien parada a la producción literaria de Nuestra América. Juan Víctor Alfaro).

INQUISICIONES. CONVERSANDO SOBRE EL TERCER MUNDO

Hablando sobre la muerte de Francisco Umbral alguien recordó el otro día un artículo suyo sobre Álvaro Cunqueiro, un escritor gallego que ganó el Premio Nadal en 1968 con una novela de gran imaginación: Un hombre que se parecía a Orestes. Umbral decía que si Cunqueiro hubiese nacido en América Latina habría alcanzado tanta fama como un autor del boom de la novela latinoamericana, pero que tuvo la mala suerte de nacer en España, un país europeo.

-En 1968 no era tan europeo.

-Pero no era ni Cuba ni Colombia. Así, aunque el realismo mágico alentaba poderosamente en Cunqueiro desde antes del deslumbramiento que causó García Márquez, no llamó la atención porque no venía de ningún lugar presuntamente exótico, lleno de pobres, de analfabetos y de revolucionarios.

-¿Y no sugería que a García Márquez le habría ido menos bien de haber nacido en Galicia?

-Algo así se infería de su artículo. De alguna manera Umbral parecía creer que su propio brillo aparecería multiplicado de haber nacido en un país atrasado de América.

-Me parece que estaba pensando a partir del refrán «En el país de los ciegos el tuerto es rey». Lo subrayado por Umbral era la ventaja de ser un buen escritor procedente de una región donde los grandes escritores son aves raras. Ventaja consistente en que su obra viajaba a los países «grandes» preservando su excepcionalidad de origen.

-Yo creo que hay ventajas todavía mayores en realidades como las nuestras. Por lo pronto, como entre nosotros el techo es bajo, se alcanza con relativa facilidad. No se requiere de mucho talento para estar entre los que destacan. Inclusive es fácil ingresar a la historia de la literatura nacional respectiva. Lo mismo, pienso, vale para las demás artes.

Pero los escritores y los artistas de estos lares tienen una visión muy distinta. Se sienten víctimas de un medio chato y un Estado indiferente al que culpan por tratarlos como ciudadanos comunes y corrientes. Por eso tantos se van.

-Y de ser algo aquí pasan a ser nada en el extranjero.

-Salvo uno que otro milagro.
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