ECOS DE LA POLÉMICA


Con un saludo previo a Julio Carmona y Juan Victor Alfaro, por la magnífica idea de generar este intercambio de ideas, además su interes que este debate se mantenga en los niveles de calidad literaria, respeto al adversario, tratando en lo posible de llevarlo al punto central del intercambio de ideas.

En el debate podemos rescatar aspectos positivos: a) el mismo artículo de Santiago Roncagliolo que ha generado hasta el momento más de 40 hojas (según mi computadora), con 28 intervenciones (incluyendo a quienes han participado dos a tres veces); b) De esa manera se ha reafirmado la existencia de la lucha de clases, que se expresa en la confrontación ideológica.

Todas y cada una las diferentes propuestas han aportado con altura intelectual (obviando los insultos que no contribuyen al debate). Ha habido -decía- aportes interesantes y propuestas de análisis críticos, como la hecha por Gustavo Faverón a la novela Pudor del mismo Roncagliolo.

Concuerdo con José Vélez cuando advierte que existe pasividad ante los insultos (aunque él mismo incurrió en el error criticado), porque se trata de deslindar campos en la perspectiva de ganar aliados, y no de perder amigos y simpatizantes. Y, en ese encuadre, no es lo más recomendable devolver el insulto, sin que esto signifique estar adoptando una actitud genuflexa ante los escritores burgueses, sino por lo ya dicho: de no alejar a nuestros aliados con vergonzosas diatribas, y porque, además, se trata de una cuestión estratégica, pues se requiere la participación del adversario en el debate. Es decir, lo invitamos a nuestro terreno a confrontar ideas y puntos de vista pero no podemos hacerlo para practicar nuestra capacidad de agravio. Pongamos por caso el fútbol: si lanzamos piedras al equipo rival, desde el saque, se corre el riesgo de ver invalidado a nuestro Estadio.

Sin embargo, por otro lado, no concuerdo con José Vélez cuando pasa por alto que la otra parte también insulta y de manera impune, como lo hace la familia Vargas Llosa (y adláteres), en, por ejemplo, el «Manual del perfecto idiota latinoamericano», o cuando el «pater familis», Mario Vargas Llosa, según cuenta Martín Guerra secretario del poeta Jorge Bacacorzo usó su apellido (que es un apellido compuesto y que sólo se da en la familia del poeta) para nombrar a un personaje infeliz de Pantaleón y las visitadoras, o cuando los escribidores de la reacción insultan a César Vallejo llamándolo «pre chichero», y, así, existe una larga lista.

Siendo el tema central la literatura nacional, fluye de ello que en el pasado han existido, como hoy, escarceos y diferencias. En tal sentido, pienso que se ha olvidado, en este debate, que a partir de septiembre de 1927, específicamente con el artículo «Aniversario y Balance» de la Revista Amauta, se colocó un hito importante en la cultura de nuestro país, igual que en el terreno político el 7 de octubre de 1928, fecha en que se funda el Partido Socialista. En ese artículo, José Carlos Mariategui, señala que la primera jornada de la mencionada revista ha concluido, y que ya, en la segunda etapa, no necesita llamarse «revista de la nueva generación», de la «vanguardia», de «las izquierdas». Para ser fiel a la revolución le basta ser una revista socialista. Ello implicó un giro en la cultura de nuestro país. La revista representa una muda en todo los ámbitos, como lo señala Ricardo Melgar Bao, investigador peruano radicado en México, en el artículo «Mariategui y la revista AMAUTA en 1927», Redes, Accidentes y Deslindes (revista de Antropología, año IV, Nº4, Diciembre de 2006).

El hecho de que Mario Vargas y José Maria Arguedas hubieran mantenido una buena relación personal, no significa que no representen propuestas diferentes, en el ámbito político y estético. Simplemente, porque sus hojas de vida son otras. Por ejemplo, una persona puede tener con su familia una relación entrañable, empero no quita que tengan una visión no compartida de la vida, la política y de cuestiones estéticas.

Fernando Rivera, expresa «que desde Mariátegui no se había ejercido la crítica literaria en el Perú y muy poco en Latinoamérica, ni periodística ni académica, ni tampoco se había tenido mucha incidencia en el campo editoria)» . Esta aseveración es discutible. La visión generacional trata de rescatar intelectuales y escritores como Alfredo Matheus, Carnero Checa, Alfredo Torero, Carlos Lazo, Germán Caro, Li Carrillo, y otros escritores representantes de diferentes tiendas políticas, no nesariamente partidarizados. Existe una propuesta interesante referente a la segunda generación del socialismo peruano, que fundamentalmente se encarga de la defensa de las propuestas teóricas y políticas del autor de los 7 Ensayos de la Interpretación de la Realidad Peruana, mientras que en la otra orilla también ha habido personajes que defendieron con brío sus ideas conservadoras.

Juan Cristóbal escribe que se debe considerar una sola la trilogía: escritor (obra), ser humano( comportamiento individual y familiar) y ciudadano(politica). Pero olvida que lo que queda de la vida de una persona es principalmente su obra (los ejemplos El Quijote, El retrato de Dorian Grace, El Aleph, son una muestra), en este orden de ideas señalaré que Cesar Vallejo escribe en «La obra de arte y la vida del artista» que no existe un sincronismo directo entre la vida y el artista, por ejemplo Nietzsche fue físicamente enfermo y débil, pero no se puede decir lo mismo de su obra; Tolstoi no tuvo problemas económicos, pero -se pregunta Vallejo- ¿es acaso Resurrección feudalizante o de postura panfletaria? Para entender este no sincronismo, el autor de Trilce señala que el artista absorbe y concatena sus inquietudes sociales, y sus ¿expectativas? individuales para devolverlas no como las absorbió, sino en formas revolucionarias transformadas en su espíritu, distintas de la materia prima absorbida.

En la misma línea de ideas que el anterior párrafo, a pesar de mi discrepancia política y de no estar de acuerdo con sus insultos vertidos en este y otros debates por parte del escritor Dante Castro, debo reconocer la calidad del cuento de su autoría: «Demonio del Monte» (que es el primero que leo del polémico escritor) incluido en Tierra de Pishtacos, y que -dicho sea de paso- es menester recordar que está celebrando quince años de su premiación en «Casa de las Américas». Y confieso que lo he leído en forma alterna a Los últimos días de la Prensa, que -pienso- es lo mejor de Bayli. Y veo que no hay punto de comparación, en palabras , imágenes, entre la novela completa de Bayli y una sola pagina -la menos lograda- del escritor del Callao (por ejemplo, a mi parecer, la que señala que el ciego Ezequiel evoca a una mancha verdeamarilla de pihuichas, siendo que los ciegos no tienen recuerdo de los colores, salvo que se trate de una ceguera postrera a ser vidente). Es esta una muestra para ilustrar el hecho de que a pesar de mi discrepancia solo política no me veo impedido de reconocer su calidad literaria, esperando poder leer más su obra (antes que sus insultos a propios y extraños).

Un abrazo fraterno y un «salute» a todos y cada uno de los polemistas.

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