UN PASO ADELANTE

Para todos es obvio que desde hace años existe entre los narradores peruanos una intensa división. Aunque se camufle en temas literarios o sociológicos, la verdadera razón de ésta es el reconocimiento: ¿Quién tiene el reconocimiento y quién no? ¿Por qué lo tiene él y por qué no tal? ¿Quién decide que un autor merece ser reconocido? Llevada esa discusión al mundo de los blogs lo único que se consigue es atizar el fuego de las peleas, hasta hacerlas no sólo interminables sino circulares. La única forma de detenerla es que cada implicado, por propia decisión, decida bajar los brazos y dejar de insistir en defenderse o contratacar. Eso es lo que pretendo hacer ahora.

Considero que la narrativa peruana está pasando por un estupendo momento. Los premios y el reconocimiento que alcanzan algunos autores en el exterior logran despertar la expectativa por conocer otros autores peruanos. Por otra parte, como nunca antes existe una abundante promoción de autores recientes que no sólo tienen un talento que se comprueba en sus obras, no solo en propuestas o manifiestos, sino además están equipados con una vocación y un profesionalismo que antes sólo se encontraba en los consagrados. No es, entonces, el momento de discutir inútilmente sino de conciliar y reconocer la pluralidad de temas, estilos y propuestas que presenta la narrativa peruana actual.


Asimismo, considero que la división y las peleas sólo benefician a algunos escritores mediocres, aquellos a los que Silvio Rendón llamó lúcidamente «Reynas contra Maradonas» en su blog, quienes se aprovechan del tumulto que genera la confrontación para filtrar sus nombres en las listas a través de chismes, insultos e incluso calumnias anónimas en los blogs que administran, ya que con sus obras difícilmente podrían conseguirlo. Su ganancia sería ubicarse, sin mayor mérito salvo su capacidad para crear seudónimos e intrigas, en el codiciado lugar de «el escritor censurado por la mafia», y desde ahí conseguir audiencia. No pienso seguir contribuyendo a ese juego.


Lo cierto es que no existen mafias literarias ni lobbys, ningún editor cultural está obligado por nadie a silenciar a tal escritor o levantar a tal otro, y el único modo de conseguir un lugar en la literatura peruana es con perseverancia, talento y -desde luego- con algo de suerte, como todo en la vida. Las amistades que pueden crearse, de manera natural, entre escritores de cualquier «bando» son equivalentes a las que se forman en todos los gremios y profesiones. Si de esa amistad nace un proyecto en común, no debe verse suspicazmente como un «sindicato mafioso» sino como un intento de contribuir a la literatura peruana con revistas, blogs, escuelas, seminarios, etc. Si en esos proyectos subyace una estética o un fin común es por la naturaleza misma de los autores, y no en contra de otras estéticas y otros proyectos.


En lo que respecta a González Vigil, aunque soy responsable de todo lo que sostuve y me reafirmo en ello, en aras del fin de la discusión prefiero aceptar que él tiene una versión distinta de los hechos y buscar el punto medio. He eliminado mi carta de respuesta y le pediré a Silvio Rendón que borre de mi comentario en su blog las alusiones a él. Quiero dejar en claro, nuevamente, mis disculpas públicas por el incidente en Madrid y reiterarle la invitación al programa. Asimismo, le ofrezco mi email (ithays@pucp.edu.pe) por si quiere comunicarse conmigo para aclarar cualquier tema pendiente.


Y como no se puede dar un paso adelante manteniendo un talón en el pasado, extiendo la invitación a Vano Oficio a todos aquellos escritores que se han sentido, de algún modo, relegados injustamente por mí. Mi dirección de email está ahí para que se comuniquen conmigo, me den sus datos y pueda advertir al equipo de producción su interés en participar en el programa. Incluso si no lo hicieran, espero hacer una lista e invitarlos a escoger un libro que quieran comentar de los previstos en la nueva temporada.


De más está decir que Moleskine Literario seguirá siendo crítico cuando corresponda, señalando errores o puntos de vista contrarios, pero tratando de mantenerme siempre en el terreno de lo estrictamente literario sin cruzar la delgada línea (que algunas veces he cruzado por culpa de mi vehemencia) de la burla o el comentario descalificador.


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