LICENCIA PARA INSULTAR

En la sesión de incorporación de Mario Vargas Llosa a la Academia Peruana de la Lengua, del 24 de agosto de 1977, el reciente «incorporado» presentó un discurso extenso, no de su propia obra, no de su línea narrativa o política, sino sobre José María Arguedas. Ese discurso se intituló: «José María Arguedas entre sapos y halcones». La campaña de cuestionamiento a la verosimilitud de la obra de Arguedas ha pasado desde entonces por diferentes etapas de agudización, explicitándose mejor en «El pez en el agua» (1993) hasta alcanzar su climax enfermizo con «La utopía arcaica» (1996).

En las páginas 344 a 346 de «El pez en el agua», los lectores pueden verificar el odio de Varguitas contra la literatura telúrica, ‘de la tierra’, indigenista, andina, popular o comprometida. El clan Vargas Llosa odia, isulta, ridiculiza y desmerece públicamente todo aquello que se opone a la prédica neoliberal en las letras y en otras disciplinas del saber. Tienen «licencia para insultar» porque quienes les contesten carcen del nivel necesario para compararse con ellos o presuntamente obran movidos por la envidia, el afan de protagonismo u otras bajezas morales.

Papá Varguitas acepta sus iras nada sanctas:

«En la reseña, algo feroz, no me contenté con criticar al libro, sino deslicé frases durísimas contra los escritores peruanos en general, los telúricos, indigenistas, regionalistas y costumbristas…» (El pez en el agua, pág. 404).

Y el mismo «papi riqui» insulta y ridiculiza a cuanto poeta o escritor le haya salido al paso para atajar sus arbitrarios juicios a la literatura peruana:

«…el poeta Francisco Bendezú, gran promotor de la huachafería en la literatura y en la vida…» (ob.cit. p. 404).

Y así como ésas, hay muchas más que podríamos citar. Haríamos un libro de agravios vargasllosistas, queridísimos sobones del famoso escribidor. Bryce, Thais, Ampuero, Cisneros, etc., son magisters y doctores del agravio zahiriente. La derecha no sólo insulta, sino que agrede, mata, desaparece, tortura y viola, como los presidentes más admirados por Varguitas en 1977: Pinochet y Videla. Sabemos de sobra que en los 80 se rectificó farisaicamente de estos juicios, enjuagándose la boca con la palabra democracia.

No me parece justa la ley del embudo. El jarjacha Alvarito se atreve a insultar mundialmente a los izquierdistas en general, a lospopulistas-paternalistas-estatistas sin distinción de etiquetas partidarias, con un libraco hecho a seis manos, nada menos que en complicidad de Plinio Apuleyo Mendoza y el agente de la CIA Carlos Alberto Montaner: EL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO. Este libelo vio la luz en épocas favorables al discurso de Fukuyama, de la muerte de la historia, del fracaso de las ideologías, del arrasamiento de los derechos laborales y sociales, etc. Los IDIOTAS son aquellos que persisten en frenar las ruedas del avance arrollador del capitalismo con discursos populistas, con castrismo ayer …y sería con chavismo ahora. O sea, querido lector de izquierda, nos rotulan IDIOTAS y deberíamos hacer lo mismo que el chinito cuando le volaron su casa: mirar y tragar saliva.

Pero los perfectos IMBÉCILES no se parecen a nosotros los IDIOTAS populistas-estatistas-socialistas-comunistas. Por lo menos a los idiotas que persistimos en la rebelión de los oprimidos nos han dedicado un libro (malísimo). Un perfecto IMBÉCIL es aquel que justifica los crímenes de los de arriba y denosta la rebelión de los de abajo. Otro IMBÉCIL de mejor catadura es aquel que dice. «no vamos a caer en el mismo juego porque insultar a los grandes, es malo». El IMBÉCIL tiene su más remoto antepasado en FELIPILLO y por más que reclame su orígen popular y hasta progresista, se parecerá siempre a su otro antecesor: PUMACAHUA cuando combatía a Túpac Amaru II en nombre de la cordura y el sano equilibrio o convivencia pacífica con los colonizadores.

¿Donde estaban los perfectos IMBÉCILES cuando los escritores vargasllosistas parodiaban a los narradores andinos recomendándoles que se pusieran las polleras de Dina Páucar?… No desmerezco la significación cultural de una cantante del pueblo, sino que demando que no sea ridiculizada para ridiculizar a su vez a otros artistas. La comparación, hecha por Ampuero y Thais, es un insulto para la cantante como para los escritores aludidos.

¿Dónde se escondieron, PERFECTOS IMBÉCILES, cuando el miraflorino Antonio Cisneros llamó llorón y melancólico a César Vallejo, diciendo que su poesía debería servir para música chicha?

Los hoy defensores de la honorabilidad de Álvaro Vargas Llosa callaron a todas voces o susurraron cobardemente sus rencores cuando se insultaba o ridiculizaba a los poetas, escritores, dramaturgos, cantantes, y artistas de nuestro pueblo. Creen que sólo los de arriba tienen derecho a patear, herir, aporrear a los de abajo. Estos defensores serviles y rastreros, no saben más que gimotear por la honorabilidad de los opresores y así también descalificarán mañana o más tarde el derecho a rebelarse de los pobres, de los que fueron representados por Mariátegui, Vallejo y Arguedas.

No se trata de que el buen gusto de los «sensibles y moderados» haya sido herido por mis palabras. Se trata de poner en cuestión a quién lo dice, (la clásica interrogante: ¿y éste quién se cree?), porque si viene el insulto de arriba, no lo criticarán: lo celebrarán como una ‘genial ocurrencia’. Otros de «aquisito» nomás aprovecharán su hipócrita «llamado a la decencia» para enmascarar rencores personales guardados, olvidándose cuál es la contradicción principal y cuál es el aspecto principal de la contradicción.

¿Se han preguntado acaso si el incesto aludido es de índole cultural? Eso fue lo que debatimos en el congreso de escritores en Madrid y lo hemos vuelto a poner sobre el tapete en el encuentro de escritores de Huanchaco, anteayer, octubre de 2007. Y si por casualidad tiene consonancia con sus anomalías mentales… bueno, pues…

Quien insulta periódicamente a Vallejo, a Mariátegui, a Arguedas, no merece mi humilde respeto, mi insignificante reconocimiento, mi microscópica tolerancia. Les devuelvo la cortesía en nombre de grandes prohombres de nuestra historia que no les pueden responder. Denostarlos es tan fácil como manchar el monumento «El ojo que llora» o como ofender por internet, a la distancia o desde la ventanilla de una combi en plena marcha.

No es preocupante el ataque de los felipillos. Es bueno que nos ataquen. Era, de antemano, un riesgo previsible dada nuestra inisgnificancia frente a Vargas Llosa. Asumiremos los riesgos de esta polémica por un medio tan impersonal como internet, aplicando dialécticamente la máxima de un gran revolucionario:

«Sostengo que para nosotros es malo si una persona, partido, ejército o escuela no es atacado por el enemigo, porque eso significa que ha descendido al mismo nivel del enemigo. Es bueno si el enemigo nos ataca, porque eso prueba que hemos deslindado campos con él. Y mejor aún si el enemigo nos ataca con furia y nos pinta de negro y carentes de toda virtud, porque eso demuestra que no sólo hemos deslindado los campos con él, sino que hemos alcanzado notables éxitos en nuestro trabajo.» (Mao Tse Tung).

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