ABIMAEL SEGÚN SANTIAGO (I)

Nota: Es este un texto del maestro de periodismo Juan Gargurevich que nos ha llegado vía Internet (figura, como el primero de una serie). Su sagacidad crítica merece ser relevada y, más aún, si está tratando un tema relacionado con el debate suscitado por Santiago Roncagliolo, por partida doble: pues el libro que aquí comenta el profesor Gargurevich («La Cuarta Espada- La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso») ya había sido analizado por el estudioso de la literatura Gustavo Faverón, que figura como la entrega número dieciséis (y segunda del mencionado autor) en este blogg, y porque al mismo tiempo devela otras aristas de la personalidad de Roncagliolo.

Juan Víctor Alfaro


Aquella noche de setiembre del 92 un numeroso grupo de amigos festejábamos el cumpleaños de Javier Mariátegui, el hijo menor del Amauta, en su bonita casa de San Antonio. Y no supimos inmediatamente la gran noticia de la captura de Abimael Guzmán. Recién a la salida, después de las diez, Fernando Lecaros nos soltó la bomba:

«¡Agarraron a Guzmán!»


Fue un notición, sin duda. Pero más impactante fue, para nosotros, al día siguiente, contemplar la foto de Guzmán capturado al lado del músico Celso Garrido Lecca y la guapa bailarina de ballet Patricia Awapara. Y más tarde, el video grabado por la policía, donde ambos silenciosos, demudados, con angustia indisimulable, contemplaban las maniobras policiales sin poder creer lo que veían y con quien estaban. Una verdadera pesadilla.

-«¡¿Qué? ¿Celso? ¿Patricia? ¿Con Sendero!?»

Medio Lima se hizo la misma pregunta, negándose a creer que ambos tuvieran que ver con Sendero Luminoso. Y era cierto. La casualidad los había colocado en el momento justo en que los policías decidieron que era ya tiempo de detener al «Cachetón» -como ellos llamaban a Guzmán. ¿Y porqué Santiago Roncagliolo no cuenta esta dramática historia de Celso y Patricia, en su reciente libro «La Cuarta Espada- La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso»? Sencillamente por que es privilegio de narrador separar, elegir, ocultar, desvalorizar, exagerar.


¿Y quién hará la recensión del texto en que cuenta la historia del «Presidente Gonzalo»? Resulta que el libro es un magnífico ejemplo de no-ficción, a la manera del Nuevo Periodismo que cultivan literatos que se trasladan ocasionalmente al periodismo (García Márquez, Vargas Llosa, Tomás Eloy Martínez.) para trabajar historias de impacto. No está pues en la zona de los críticos literarios. Tampoco recibirá atención de los historiadores porque carece del rigor académico que éstos exigen y que no aceptan aquello de «mi informante pidió no ser identificado». ¿Lo verán entonces los analistas políticos? Puede ser. Pero encontrarán que Santiago tiene una visión personal del fenómeno senderista, un poco esquemática y hasta sencilla, lejana de las complicadas explicaciones de los científicos sociales. (Quizá por esto, pese a que está en librerías desde hace varias semanas, no hemos hallado nota alguna en los periódicos, salvo de la presentación en España).


No está demás advertir, o mejor, recordar, que Santiago está ya colocado en lugar preferente de nuestra literatura. Pasando recién la treintena, de cultura e inteligencia superiores, el joven Roncagliolo acumula premios y elogios prometiendo ser el líder de su generación. Y para los que no han leído todavía el libro ¿cuál es la historia. Obviamente la de Guzmán y de Sendero, pero lo sustantivo es quién la cuenta. Es, en este caso, un joven clasemediero criado en un hogar politizado donde sus padres y amigos hablaban de revolución en la sobremesa y comentaron la captura cuando él era todavía un quinceañero a quien poco le interesaba el Guzmán aquél.

Todo comenzó, relata el propio Santiago, con un proyecto de reportaje para «El País» de España que buscaba describir quién era ese hombre, Abimael Guzmán, que condujo a un verdadero ejército a la guerra y aunque no amagó nunca el poder provocó un baño de sangre que sobrepasó los 60 mil muertos. Por eso es que eligió el autor la técnica de la narración en primera persona, para deslindar responsabilidades histórico académicas. Y nos contará a quien vio, encontró, habló, en su proceso de búsqueda de respuestas sobre aquel gordo, el «Cachetón», uno de los presos más solitarios del mundo cuyos días acabarán en esas cuatro paredes de su celda de la Base Naval del Callao.

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