¿MARIO VARGAS LLOSA, UN PENSADOR INTOLERANTE?

En El Comercio (07-10-2007) se dio a conocer un artículo de Mario Vargas Llosa cuyo título es suficientemente ilustrativo «El velo no es el velo”. Allí nuestro extraordinario novelista reflexiona sobre cómo el gobierno autónomo de Cataluña ha obligado a una escuela pública de Gerona a que permita a una niña el uso del velo islámico. Las autoridades del mencionado colegio habían prohibido a esta que pudiera asistir a clases portando el mencionado atuendo. El comentario de ese hecho lleva a Vargas Llosa a la siguiente reflexión: «El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras». Creo que en esta afirmación late un sentimiento de intolerancia, pues supone que la cultura democrática y nutrida de liberalismo es siempre superior a las demás. Todos los países sin excepción (parece decirnos Vargas Llosa) deben ir hacia el liberalismo; de lo contrario, serían países atrasados. ¿Es eso cierto? La cultura occidental democrática no solo ha difundido (algunas veces) la vigencia de los derechos humanos elementales; también ha sido en su seno que se han creado elementos tan destructivos como la bomba atómica y, no en pocas ocasiones, ha manifestado una sed incesante de colonialismo. El caso más reciente lo podemos observar en la política expansionista de Bush y la invasión a Irak. ¿Cómo defender la vida a partir de la aniquilación de seres inocentes? ¿Cómo reducir Irak a un solo nombre: Saddam Hussein? ¿Es para difundir la cultura democrática que se puede asesinar a personas, violando el derecho a la vida que tienen los iraquíes?

Obviamente, los derechos humanos básicos deben respetarse siempre. Pero creo que el modelo epistemológico de Vargas Llosa subraya que la ciencia es superior al mito y en dicha perspectiva late un positivismo decimonónico algo desfasado: la idea de la linealidad de la historia. Comte había hablado de tres estadios: el teológico (el mito), el metafísico (la filosofía idealista) y el científico (el aporte de las ciencias naturales, sobre todo). El último era, para el pensador francés, superior a los demás. ¿Es eso cierto? En el mundo actual sabemos que el mito nutre la vida contemporánea, pues la ciencia no puede excluir la presencia de la subjetividad. El objetivismo absoluto es una simple quimera. Vargas Llosa cree que la ciencia es superior al mito, hipótesis que desarrolla en La utopía arcaica.Tengo mis dudas al respecto. El pensamiento mítico no es necesariamente sinónimo de intolerancia; puede ser manifestación de creatividad y dar aportes al conocimiento antropológico sobre el modo de la vida de las comunidades tradicionales.

El paradigma de Vargas Llosa se basa en la exclusión del otro: «Tienes que ser liberal y occidental; de lo contrario estás en el ámbito de una cultura inferior». Pienso que se trata de un punto de vista dogmático y, por eso, debiera ser rechazado. El respeto al otro, al diferente, es un aspecto esencial para llegar a un consenso. Si partimos de la exclusión como principio, entonces no hacemos ningún esfuerzo por comprender al otro y pudiéramos caer en el abismo de la intolerancia.

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