«Si no vives para servir, no sirves para vivir»
es el lema de los blogs de Julio Carmona
(editados con la colaboración de Juan Víctor Alfaro):
http://www.vosquedepalabrasvives.blogspot.com/
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/


Nadie nace para el mal
(como para el bien tampoco):
se aprende a ser criminal
y no salva hacerse el loco.

 Para satisfacer su vanidad de recibir aplausos, medallas y diplomas, estuvo en nuestro país (México) Mario Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura 2010 por su prosa excepcional en sus historias (no todas de trascendencia, lo que hará morir no pocos de sus libros-novelas), naturalizado español en repudio a su nacimiento peruano (donde se metió a la política fascinado por el poder político y fracasó: no es lo mismo electores que lectores; aunque dijera que lo ejercería democráticamente y conforme al liberalismo económico, desde cuyas ópticas critica a los autoritarismos, pero se deja querer por ellos).

Aquí en México lo recibieron y apapacharon Ebrard, desde su izquierda amañada, chuchista y traidora; Calderón, desde la derecha yunquista y, claro, desde el poder presidencial.

Lo llenaron de elogios y haciéndole al actor se presentó en Bellas Artes, en función privada exclusiva para Calderón, su esposa y su grupo (¡un liberal conservador, quedando bien con la realeza panista!). Lo agasajaron como debe de merecerlo. Muy de vez en cuando ha mencionado que su aprendizaje político fue en las páginas deslumbrantes de Karl R. Popper y con ese arsenal construyó su saber ideológico. Radica en Nueva York (no en Perú enseñando a latinoamericanos, verbigracia); en Londres y Madrid. Aquí, el rector Narro lo llevó a la UNAM, pero antes en la Universidad Autónoma Metropolitana dictó una conferencia que le valió elogios de los espectadores.

No ha sabido el escritor de altos vuelos, guardar (como propuso Max Weber) la distancia con los hombres y con las cosas. Lo ha vencido la desatada ambición de que lo colmen de honores, hasta desdibujarlo. A veces, somos muchas personalidades; pero una de las peores, es ceder a las tentaciones de la vanidad. Se le olvidó a Vargas Llosa que Ebrard es de los que ejercen el poder autoritariamente; y milita, así sea de labios para afuera, en la izquierda, a la que el Nobel combate ideológicamente y dice no concederle ni el beneficio de la duda. Premeditadamente se le olvidó que Calderón es otro del poder omnímodo, tan reaccionario como él y de derecha ultra radical, que los hace coincidir en lo político.

Es dudoso que hayan leído a Vargas Llosa quienes lo colmaron de medallas, abrazos y diplomas (tal vez los cuelga en su cuarto, que debe ser de grandes dimensiones, como el que tiene dedicado a sus “premios” de periodista López Dóriga, a quien cada año le regalan sus “corcholatas”). Y la hizo de bufón de los politiquillos. Ebrard le entregó la llave de la ciudad. Otros le trajeron de invitado para ahogarlo en premios. Y se le vio feliz de tener admiradores de su protagonismo, sin que nadie haya citado siquiera una de sus obras, un párrafo de sus críticas a la violencia sanguinaria, al autoritarismo, a los abusos del poder. Y se despidió cediendo a su antigua calificación despectiva, de que los mexicanos vivíamos en una dictadura perfecta, para elogiar a Calderón y Ebrard con lo de que ahora tenemos una democracia imperfecta.

El bufón de sí mismo fue la mejor actuación de Vargas Llosa.

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