SILENO EN LAS CALLES Y AVENIDAS DE LIMA A POR EL QUECHUA

En muchos países, según el calendario, del 11.11. a las 11.11′.11» se instalan los carnavales, por eso ya se veía venir a Sileno por las calles y avenidas limeñas, desde el Callao con autobombos reclamando pedestales.

Parecería que muchos estuvieron en la vía pública cuando se produjo el debate entre literatos «costeños» y «serranos», «andinos» y «criollos», «quechuas» e «hispanos» que son meras maneras erróneas en la concepción social de las «escuelas» literarias peruanas.

La actitud cultural es problema de concepción de clases sociales basada en la propiedad económica privada y el control del Estado. ¿Literatura costeña versus serrana en desmedro de la amazónica? No se trata de áreas geográficas literarias, es ésa una discusión superada; tampoco se refiere a los fenotipos y menos al desconocimiento de las lenguas peruanas.

Pero en este tópico sí que es para sonreír de oreja a oreja por el desconocimiento que demuestran algunos literatos de lo que tienen delante de sus ojos, quienes ven en el quechua a uno solo y nada más que serrano. No señores, el quechua también es costeño y profusamente usado en varios países de Sur América:

Argentina, se habla una variante del quechua ayacuchano en Salta y Santiago del Estero; Brasil, con el Chinchay con la variante Acre; Bolivia, con la variante cusqueña con los dialectos de la sierra hasta la amazónica en Santa Cruz; Colombia, con una variante del Chinchay en los dialectos del Putumayo y Nariño; Chile, con su variante cusqueña en Tarapacá y Antofagasta (costa); Ecuador, con la variante Chinchay IIC de Imbabura y Loja y los subdialectos del Oriente en Pastaza, Napo y Sucumbíos y en el Perú está la costa norteña con la variante Cañaris-Incahuasi o Ferreñafe hasta Cajamarca, otra central costeña Pacaraos incluso hasta Lima serrana en Laraos y Lincha y, para no extenderme más, en otras regiones con las variantes dialectales extensas del Wáywash, el Yúngay, Límay y Chinchay.

Como se ve, a vuelo de pájaro, no se puede generalizar el quechua y esta lengua es más para uso oral que para ser escrita. El Perú no es Lima y Lima no es el Callao (o el Jirón de la Unión) incluso allí existe el «quechuañol» como media lengua escrita que los «semiologistas» le llaman «literaturas híbridas» (además, a los que escriben entre castellano y quechua les colocarían en esta categoría).

Esta polémica está resultando ser como una liga vieja difícil de distender. Muy semejante a una discusión ocurrida en la Francia de los años 60, cuando apareció en las letras galas la poetisa niña Marie Minué, quien escribía sus creaciones literarias como una vieja hecha y derecha, y para quien muchos letrados pedían concederle el título de «poeta nacional». Jean Cocteau puso fin a esa controversia, tediosa, con una sentencia irrefutable: «Todos los niños son poetas, menos Merie Minué».

Para el Perú, diríamos que todos son escritores peruanos pero no que son escritores para todos los peruanos. Cada uno con su tema y su tiempo. Pues para escribir del indio no hay que ser indio o para que Cervantes haya escrito el Quijote no fue necesario que hubiera sido loco ni caballero andante.

Finalmente, quiero compartir el profundo pensamiento de Goethe (en su lengua madre para evitar equívocos) con los demás que están al acecho de eternas disputas o disconformes con las literatos que se adhieren a una posición de clase:

«Ich wollte mich doch lieber aufhängen, als ewig

negieren, ewig in der Oppsosition sein, ewig

schußfertig auf die Mängel und Gebrechen

meine Mitlebenden, Nächstlebenden lauern»


Traducido libremente diría en castellano:


«Yo preferiría colgarme, antes que ser la eterna

negación, el ser eterno en la oposición, eterna

arma vigilante de los errores y equívocos

de mis semejantes, receloso de mi prójimo.»

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