“Mírame a los ojos”

Se fue y vino un día como ayer, de marrón a marrón, estuvimos en la Iglesia San Francisco en el Jirón Ancash en tu cuarto-poesía, saboreando los recuerdos

Llamaste un día 12 como hoy. Eran las 4 de la mañana. Tu voz sonaba a delirium tremens, te pregunté: -¿Habrás tomado Juan? Contestaste: -No. La mañana está con luz, mi pintor. Véngase para conversar que ya se acaba la mañana, ahorita.

Silencio en el teléfono. Caminé y lo hallé. El poeta estaba como el volcán Misti, no, como el volcán Cerro San Cristóbal. Bebimos hasta pasado el mediodía. Ya no podían atendernos porque llegaban los comensales. Me observaste y exclamaste:

-Mírame a los ojos. El río de la vida está lejos. Te di una bofetada.

Nos abrazamos y entre risas nos fuimos hasta el Queirolo.

En el trayecto, de carretilla en carretilla, de puro champán, nos entrancamos. Era víspera de Navidad. Después de varias horas, al regresar por el Jirón de la Unión entre champán y champán, olvidándonos de todo, dijiste, ya sin darnos cuenta los dos:-Mírame a los ojos.

El trote no era azul, era fuerte.

Hoy me entero que en tu nicho de N. N. está inscrito:No mires a los ojos. Ojos no, N.N. Te estamos esperando Juan para darnos un par de vueltas por la realidad.

Y deja de jodernos: Míranos a los ojos.

PData. Gracias Armando, Teresa, Teófilo, Fernando.

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